Barrio de Las Letras en Madrid

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La tendencia nació en ciudades como Nueva York y Londres, donde artistas, diseñadores y chefs buscaban alternativas para ofrecer y difundir sus creaciones como alternativa al local tradicional y ahorrar costes fijos y de estructura.

Se trata pues de manifestaciones creativas,  de carácter efímero, que cuentan con la participación espontánea del publico existente. El objetivo es cambiar la posición pasiva del espectador e involucrarlo de forma activa en la acción.

Esta experiencia proviene de los happenings de la década de los 50 en la que los artistas interactuaban con quienes pasaban por allí y buscaban generar un mayor impacto en los espectadores.

Se han puesto de moda las tiendas pop ups, pero para crear el efecto buscado debe de haber algo más que una tienda. Debe ser una experiencia de marca en la que el merchandising, debe estar perfectamente estudiado,  para conseguir lo que queremos comunicar. Para ello debemos realizar un proyecto de decoración y diseño en el que la arquitectura efímera sorprenda al espectador.

Los participantes en estos eventos disfrutan de un entorno sorprendente, envueltos en cierto aire de clandestinidad, pero siempre impregnado de un toque de exclusividad.

Esta tendencia también se ha trasladado a chefs de moda y con ganas de darse a conocer de forma que organizan cenas originales en casas particulares, naves, sótanos, terrazas… En algunos casos los comensales no se conocen y también es una forma de relación social.

A este fenómeno también han contribuido las redes sociales donde el evento se difunde rápidamente y en un corto periodo de tiempo. Se crea la expectativa con una decoración sorprendente en la que aparecerá para rápidamente desaparecer

Se trata de “marketing experiencial”, es decir,  crear emociones, impactar y sorprender.

Este tipo de tiendas “de quita y pon”, benefician principalmente a dos tipos de empresas:

A las tiendas “on line” que no tienen un espacio físico permanente donde el público pueda acudir.

A las tiendas que acaban de abrir y que no pueden asumir grandes costes y que quieren tantear el mercado antes de lanzarse.

El carácter efímero de estas tiendas no es sinónimo de baja calidad, si bien al contrario les otorga un aire de exclusividad por su temporalidad y los objetos que se ofrecen.

Para terminar solo añadir que se da en ciudades en continuo movimiento y en una constante búsqueda de interacción entre sus habitantes.

DIBUJOS DE PABLO PICASSO

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Un hombre viajaba en el tren hace muchos años, en un vagón de primera clase. Le pareció que quien estaba sentado cerca de él era Pablo Picasso.

Cuando logró vencer su timidez y la resistencia que le impedía hablar con tan celebrado personaje, el hombre saluda a Picasso y le dice que le admira mucho; que cree que es un dibujante genial.

Le dice también que por qué, siendo como es un maestro, se empeña en pintar unas imágenes distorsionadas, retorcidas, sin parecido con la realidad. Le parece, en suma, un desperdicio de talento.
Picasso se queda mirando al hombre y le pregunta qué cree él que es la realidad. El hombre piensa un poco y saca de su cartera una fotografía, que enseña al pintor. “Mire. A esto me refiero. Esto es la realidad: es mi mujer“- dice seguro de sí mismo.
El pintor mira la fotografía y dice al hombre que, si eso es la realidad, su mujer es muy pequeña. Y es plana, además.
Como el hombre vamos casi siempre por la vida. Dando por hecho que nuestra percepción de las cosas es la realidad misma, aferrándonos a eso y, además, queriendo mostrar al resto de personas que nuestra idea es la correcta.
Para despertar de esa ilusión limitadora, entre otras muchas cosas, está el arte.
Y la locura, pero de esto último hablaremos otro día.

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Si estas pensando en realizar una pequeña reforma,  rehabilitación o una obra de gran envergadura, tan importante como encontrar a un buen profesional es seguir algunos consejos para no tener sorpresas y que la reforma sea un éxito:

  1. Menos es más. Coloca sólo las piezas imprescindibles y que te traigan buenos recuerdos.
  2. Más vale prevenir que curar. Revisa todas las instalaciones de agua, luz, gas, telecomunicaciones, etc. y actualízalas a las necesidades del momento. Es lo que antes queda obsoleto y lo que más cuesta poner al día.
  3. Empezar por el principio. Empecemos escogiendo la base que es lo que nos condicionará todo. Por ejemplo el pavimento elegido influirá notablemente en el resto de materiales y colores a elegir.
  4. Piensa en el todo pero actúa por partes. Ve centrándote en zonas puntuales o elementos que tengan un criterio común y ponte objetivos más concretos pero sin olvidar que forman parte de un conjunto armónico.
  5. Base sólida. No escatimes recursos en lo que te dará siempre prestigio y se revalorizará con el paso del tiempo. Invierte en el futuro pero sin dejar de lado que hay elementos que tienes que mantener para que perduren, con el coste añadido que conllevan. Por ejemplo puertas y ventanas de maderas nobles y herrajes de latón, cerrajerías artísticas.
  6. Desviar la atención. Utilizar una estrategia para evitar algo molesto o poco atractivo como una viga descolgada la cual se puede integrar en una librería, por ejemplo o poner una pieza muy vistosa al lado del elemento en discordia y  que atraiga todas las miradas.
  7. Mejor solo que mal acompañado. No crear competencia con algo que debe ser protagonista por su valor artístico y/o belleza. Colocar un cuadro de un pintor cotizado en una pared central y de una estancia común para que se pueda lucir.
  8. Los polos opuestos se atraen. Buscar un equilibrio mezclando materiales y estilos. Por ejemplo suelos de madera en estancias con mucha luz natural y con muebles claros y decapados.
  9. Alíate con el enemigo. Actúa con inteligencia e integra lo que no te agrada para que en el conjunto quede bien. Por ejemplo si el color del pavimento no lo puedo cambiar, utilizo el color de las paredes y las telas para que el efecto final resulte adecuado a lo que busco

10. Las apariencias engañan. Utilizar trucos de “magia e ilusionismo”. Por ejemplo fundas para las sillas, espejos que agrandan las estancias, plantas de interior, alfombras, etc.

 

Si tenemos en cuenta estos consejos seguro que conseguimos que el resultado final se encuentre a la altura de nuestras expectativas, y disfrutaremos plenamente satisfechos de nuestro trabajo porque, ciertamente, la casa perfecta no existe, así que somos nosotros mismos los que tenemos que conseguir el equilibrio.

Con las manos vacías vinimos y con las manos vacías nos vamos.

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Se acaba el año y, como siempre, hacemos todos una cierta recapitulación de los meses pasados. Suelo releer lo que escribí hace lustros, años o meses, por ver si sigo estando en el mismo sitio o si, por el contrario, en algo he cambiado. Fútil intento, porque mantengo algunas de las cosas que decía pero dudo sobre certezas que antaño estaban vigentes. De lo leído últimamente, me quedo con lo que escribí en mayo de 2009, y que contiene dos pensamientos sobre la muerte.

El primero es una historia que se contaba de Alejandro Magno, el Grande, el más poderoso de los hombres de su tiempo. Sintiendo cercana su muerte, Alejandro pidió a sus sirvientes y allegados que, cuando llevaran su cuerpo sin vida por la ciudad, se ocuparan de que sus manos colgasen libremente a ambos lados del lecho preparado a tal fin.

<<Gran Señor>> – le dijeron- <<La tradición y el decoro mandan que los brazos vayan sobre el pecho del difunto, para así transmitir la idea del sueño, la serenidad y la placidez. El pueblo que lo vea quedará con la imagen de su Señor en actitud de merecido y profundo descanso, pudiendo venerar de este modo la figura del Gran Hombre>>.

<<Sea como os he dicho y no como me decís>> – insistió Alejandro el Grande-. <<Quiero que el pueblo vea que yo, Alejandro, el Magno, con todo mi poder y toda mi gloria, con toda la extensión de mis conquistas, la admiración de mi gente y el temor de mis enemigos, no puedo llevarme nada al otro mundo>> – añadió.

<<Que uno se va de la tierra como vino, y ni el peso de una pluma puede arrastrar consigo, y mucho menos el de la riqueza o la alabanza. Éso es lo que debe quedar en la memoria del pueblo>> concluyó el Gran Hombre.

El segundo pensamiento parte de la historia que cuenta Jodorowsky sobre un maestro zen al que un muy místico discípulo le preguntaba de manera afectada:

<<Maestro ¿qué hay despues de la muerte?>>

A tal pregunta contestó el anciano: <<No lo sé. Todavía no me he muerto>>.

Ambos relatos destilan el mismo aroma de realidad, y nos sacan de un tirón de cualquier delirio de grandeza y de los comunes devaneos con la intelectualización del hecho de la muerte y su reflejo trascendente y de inmediatez.

No por ello, sin embargo, se pierde el efecto de parada del mundo que tienen ambas historias, en tanto que nos bajan de la nube y nos colocan en la tierra desde la cual, extrañamente, podemos mirar con más serenidad la odisea de la muerte.

El conquistador quiere, con la casi ridícula exhibición del balanceo de sus manos vacías, decirle al pueblo que la muerte, cuando nos lleva, nos comunica mucho sobre la vida: <<Nada nos llevamos al otro mundo>>. El maestro zen,por su parte, traslada a su alumno que hay un aquí y un ahora, y que la percepción y plena conciencia de ese extremo es lo único que, paradójicamente, le pondrá en contacto con la trascendencia.

Como dijo Paul Eluard, <<Hay otros mundos, pero están en este>>.

Pues eso.

Fotos del escaparate de estas Navidades de la tienda de Rachel Aswhell en el barrio londinense de Nothing Hill al más puro estilo Shabby Chic

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El origen de este estilo se remonta a las casas de campo inglesas que se caracterizaban por el uso de muebles que se repintaban cada cierto tiempo para alargar su uso, principalmente en blanco y adquirían una pátina desgastada por el uso y el tiempo.

Shabby es lamentable, raído y chic a la moda, lo que le hace compensar la negatividad del término.

Así mismo los muebles delatan el paso del tiempo y su uso pero a la vez tienen un deje de buen gusto que habla de un esplendor pasado.

Los tonos esenciales del Shabby Chic son el blanco, el hueso y los colores pasteles.

Tambien son características las antigüedades tanto en muebles como en complementos, pueden ser originales o reproducciones. Para dar ese aspecto desgastado se utiliza el distesado de muebles, técnica que le da ese aspecto rústico y antiguo.

La porcelana o cerámica, encajes, plantas, flores y elementos campestres, también se dan.

Las claves del estilo Shabby Chic son:

  1. Muebles de madera realizados de forma artesanal, que parezcan usados, desgastados, heredados y no comprados.
  2. Gama de colores pasteles, empolvados, en blancos, grises, rosas, verdes y los muebles con pátinas decapadas.
  3. Tapizados en terciopelos lisos para sillones, sofás y butacas.
  4. Telas en algodones y texturas naturales con estampados de flores en cortinas, manteles y complementos
  5. Porcelanas de aspecto antiguo y también con motivos florales.
  6. Como complementos muchas flores en todo, en cortinas, telas, cojines, estores, papel pintado, centros florales, cestos de mimbre.

Es un estilo romántico y delicado que para recrearlo y darle un toque vintage se utilizan los tonos claros y decapados que se realizan con papel de lija para quitar la pintura y dar el aspecto desgastado.

Los accesorios deben seguir esta línea romántica, con almohadones con encaje en la ropa de cama por ejemplo pero con cuidado de no recargar y caer en el exceso.

En cuanto a la iluminación se utilizan velas de colores pasteles y lámparas adornadas con cristal y pantallas delicadas con puntillas.

Para mí, la clave para depurar este estilo está en los muebles y no abusar de los estampados florales. Siempre texturas naturales y jugar con los complementos.

Y por último para conseguir una Navidad Shabby Chic, basta con añadir elementos de temporada como flores de Pascua en tonos, pálidos, beige, piñones, piñas, acebo, guirnaldas, luces, velas, hojas del otoño, etc.

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LA ILUSIÓN DEL CONTROL Y SU PÉRDIDA

La geología tiene mucho que aportar a la ciencia que estudia el comportamiento humano. No he enloquecido (o, por mejor decir, esta frase no es la que lo evidencia): Habéis leído bien.

Susan Kieffer, de la Universidad de Illinois ha trabajado largamente en un campo tan interesante como seguramente desolador, y concluye que, en contra de la creencia popular, seguimos teniendo poquísimo control sobre la naturaleza.

No pone como ejemplo desastres como el tsunami de Sumatra y sus trescientos mil fallecidos, sino eventos mucho menores pero que, a pesar de eso, pusieron en solfa el funcionamiento ordinario de Europa, como la erupción de ese volcán de nombre impronunciable (Eyjafjallajökull) que cerró nuestro espacio aéreo durante muchos días consecutivos.

A pesar de eso, la profesora llama nuestra atención sobre el hecho de que el hombre sigue construyendo y habitando en zonas que son de alto riesgo en cuanto a potenciales desastres naturales. Es verdad que hay poblaciones que no pueden elegir: viven donde les toca. Pero otras muchas sí pueden, a pesar de lo cual se entregan a la estadística y al wishful thinking para intentar dormir tranquilos.

Tendemos a creer, sobre todo apoyándonos en el fantástico desarrollo de la tecnología en todos los ámbitos, que controlamos lo que pasa en nuestra casa, en nuestra ciudad y en el mundo, que todo está en orden y enjaretado… hasta que constatamos que no es así. Los terremotos se sienten en muchos sitios y dañan muchos otros. Nuestra familia, tan en orden en ocasiones, se ve zarandeada por una repentina enfermedad, un accidente de tráfico o un fuerte revés económico.

Lo cierto es que nuestro cerebro nos extiende cheques de certeza que el mundo real no puede pagar. Y llegado el vencimiento de pago, lo menos que hacemos es rebelarnos contra lo que más a mano tengamos, sea el destino, la injusticia, la naturaleza, la meteorología o la suerte. No está todo bajo control. Repetid conmigo: “No todo está bajo control”

Así es la vida.

Llegados a este punto, lo esencial es qué hacemos, cómo afrontamos el día siguiente.

No vamos a acogernos aquí al recurso facilón de proponer que se ponga al mal tiempo buena cara, o a decir que hay que ver el lado positivo de las cosas (a veces las cosas no tienen un lado positivo).

Es muy difícil saber qué hacer, pero intentemos al menos saber qué no hacer.

Y en este punto, me permito recordar el contrato de indiferencia mutua que con su habitual lucidez nos describió Norman Geras, esa idea que refleja la tantas veces letal pasividad que un ser humano muestra ante la suerte de otro.

No podemos controlar lo que pasa, o no todo lo que pasa. No podemos influir todo lo que nos gustaría en el devenir de los acontecimientos que nos afectan. Pero sí podemos intentar que ese perverso contrato de indiferencia mutua no llegue ni a firmarse ni a hacerse efectivo.

Quitémosle la razón a Norman Geras. Seguro que él se sentirá tan feliz como nosotros.

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| Cambio, Comunicación, Innovación.

La neuroarquitectura es una disciplina emergente en Estados Unidos que trata de explicar cómo cada aspecto de un entorno arquitectónico, podría influir sobre determinados procesos cerebrales, como los que tienen que ver con el estrés, la emoción y la memoria.

También ayuda a comprender cómo el hábitat en el que vivimos afecta a nuestra salud física y mental.

Hoy vamos a ver cómo el espacio que nos rodea puede influir en nuestra vida y en nuestro estado de ánimo, por tanto vamos a ser capaces de transformarlo según nuestras necesidades y nuestros gustos.

¿Qué relación existe entre la decoración y el estado de ánimo?

Fácil de responder si pensamos por un momento como nos sentiríamos en una habitación oscura, desordenada, descuidada.., en cambio piensa en una habitación agradable, limpia, con colores bonitos y muebles adecuados.

Precisamente esta sensación es la que te va a influir en tu estado de ánimo. Si alrededor hay paz y tranquilidad también la  habrá  en tu interior, por eso en la decoración hay que crear espacios donde el ánimo de cada uno encuentre su equilibrio, porque éste es una emoción que no remite, que no se puede relacionar con un acontecimiento determinado. Da igual el día, la hora o  lo que hagamos,  siempre estamos con un estado de ánimo que por lo general no elegimos ni controlamos. Por eso decimos: Es un resentido, es un triste, es un pasota….

Hagamos una reflexión. ¿Existe relación entre cerebro y espacio?

De entrada, fabricamos más oxitocina y serotonina, relacionados con la relajación y el disfrute, si nuestros entornos son agradables.

¿Y la relación entre espacios amplios y pensamiento creativo?; o ¿ el poder de la naturaleza para estimular la concentración y la curación después de una enfermedad?.

¿Cuántos de nosotros nos atrevemos a reflejar nuestros sueños, nuestras necesidades vitales, en los espacios que habitamos?

Desde luego debemos de ser pragmáticos pero, sin dejar de lado que los espacios que nos rodean, públicos o privados, nos afectan en el humor y en  la forma de pensar. Debemos de estimular lo mejor que llevamos dentro.

¿Cuántas veces me han dicho…. Sí, lo haría, pero prefiero no arriesgar?

Por último, me voy a permitir algunos consejos muy básicos con los que cualquiera se atrevería:

  • Utilizar flores y plantas: Si es posible flor cortada que nos relaja de forma visual y por el aroma.
  • Utilizar velas blancas: Son más económicas y aportan un aire de calma.
  • Aprovechar la luz natural: La luz solar ahorra energía y aporta salud.
  • Colores de la pintura adecuados: Fríos para el descanso y cálidos para zonas de trabajo y estar.
  • Rodéate de libros: Hazte con una buena biblioteca de modo que tu cerebro cambie el chip a modo relajación.
  • Añade mantas y cojines: Aunque no se usen aportan un toque cálido y acogedor.

Pero lo más importante, alegra tu casa, con guiños de humor, donde tienes que vivir feliz, un poco imperfecta, vivida, que funcione y no un escaparate.

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| Comunicación, Emprendimiento, Innovación.

Nuestro hogar va más allá de las cuatro paredes que habitamos. Nuestras necesidades a lo largo del tiempo van cambiando y podemos mudarnos de casa o reestructurar la que tenemos. Lo más habitual es que vayamos adaptándola a estos cambios. Los desafíos que se nos presentan son apasionantes pero a la vez complicados. Leer más »

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| Competencias, Innovación.

Cada uno tiene tantas visiones de lo que es un líder como líderes puede recordar, y ha de hacer un trabajo concienzudo para conseguir identificar un rasgo abstracto, una cualidad común más allá de las características específicas de cada uno de ellos.

Vemos liderazgos como vemos personas. Tantos liderazgos como individuos que lideran. Vemos manzanas rojas, coches rojos, flores rojas, y creemos tener claro qué es el “rojo” hasta que tenemos que definirlo y nos topamos con el muro de lo inefable. Leer más »

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| Competencias, Comunicación, Liderazgo.

Vivimos abrumados por ofertas que pretenden descargarnos de toda relación con las consecuencias de nuestros actos.

Esto es una versión pendular de otras épocas en las que al individuo, a través del expediente de la culpa, se le imputaban las causalidades propias y también las ajenas. Si granizaba y la cosecha se echaba a perder, probablemente el agricultor habría ofendido a los dioses, ya saben.

Tendemos a pensar que TODO tiene una respuesta rápida, que SIEMPRE hay un atajo que lleva inmediatamente a la solución de CUALQUIER problema, por grave que sea y por complejas que sean las circunstancias que lo rodean.

Es éste un síndrome peculiar, que no conoce de sesgo sociológico ni discrimina por nacimiento. Afecta incluso a quienes, por su nivel educativo, habrían de estar razonablemente protegidos frente a sus contagiosos efectos.

Hoy triunfa la terapia breve, la acción directa e indolora contra la grasa localizada; se gana la batalla contra la edad a través de un producto que nos ofrece en televisión quien menos aspecto tiene de necesitarlo. Triunfan las ofertas del aprendizaje subliminal y overnight de cualquier idioma, la cualidad de master en cualquier disciplina, a distancia y en poco tiempo, sin la tediosa y anticuada necesidad de esfuerzo. Hágase programador en Java en tres sencillas lecciones y funde la nueva MICROSOFT, compita con ORACLE, sea el David que reta al Goliath de APPLE.

Estamos ante un auge desaforado de la tecnología, y del culto a la misma, que raya la fe ciega y acaba contagiando su formato a otras áreas que nada tienen que ver con aquélla. Clientes que van a su abogado para que les diga cómo pueden hacer, de manera legal, cualquier cosa. No admiten un “no se puede hacer eso” por respuesta. No me diga que no puedo: dígame “cómo puedo” hacerlo.

Y el que no acepta un NO generalmente viene lastrado por la seria dificultad de aceptar una vieja palabra, misteriosa, casi esotérica y en desuso:RESPONSABILIDAD.

Hace días un amigo traumatólogo me comentaba extrañado que en los últimos meses venían a su consulta pacientes lesionados que relataban, sin pudor alguno, que habían estado practicando los deportes que el galeno expresamente les había contraindicado poco tiempo antes. Al sufrir el (previsible) problema, simplemente se presentaban en el médico y le pedían una cura inmediata, a través de fármacos o de fisioterapia,pero rapidita.

Y ninguno le admitía que pudiera ser que un fisioterapeuta, por bueno que fuera, no pudiese curar los efectos continuados de un uso irresponsable del cuerpo. Es más, alguno le afeaba que se le llamara la atención sobre el particular.

Muchos pacientes quieren una solución inmediata, cuando no una salvación. El paciente quiere que le salven de los pecados que ha cometido, con lo que el médico pasa a convertirse en salvador, sin que el primero ponga de su parte.

Esta situación se reproduce en infinidad de ámbitos y en todos los casos aparece, de manera más o menos velada, la total ausencia de responsabilidad del deportista temerario lesionado o del paciente que trabaja denodadamente por conseguir una úlcera cuanto antes.

Las consultas de las afecciones o incomodidades que no son puramente físicas no escapan al fenómeno, y tanto las escucha el psicólogo como el coach. Muchos clientes quieren modificar su comportamiento y posibilitar la consecución de metas que se les vienen resistiendo. Pero algunos no quieren pasar por el necesario proceso ni, desde luego, esforzarse en la parte que les toca.

Buscan la píldora mágica, el truco que les lleve de la situación actual (la no deseada) a una mejor en la que se encuentren más cómodos o en la que puedan ver cómo sus objetivos se van alcanzando (la deseada).

Y ahí vemos dos perfiles curiosos distintos. Por un lado, el de quien busca respuestas a sus preguntas, o mejor dicho, el que espera que el de enfrente responda a sus preguntas (que no es lo mismo) y por otro, el que directamente espera que le digan lo que tiene que hacer.

El primer caso nos lleva a quien espera que la comprensión intelectual de un proceso le permitirá controlarlo. Cree que saber cómo funciona el proceso del reflejo de la rodilla le permitirá no moverla cuando el médico le golpee suavemente bajo la rótula.

El segundo nos muestra a quien renuncia a tomar decisiones por sí mismo, a hacerse responsable de sus actos y, por tanto, a asumir las consecuencias de los mismos. Acude este tipo particular al psicólogo y le pregunta directamente si debe dejar su trabajo o quedarse, si debe poner fin a la relación de pareja o continuar en ella, y así hasta el infinito.

Y en este punto, malo será el profesional que ponga al cliente sobre la mesa órdenes en vez de preguntas inteligentes; soluciones en lugar de interrogantes. Y desdichado el que se encuentre con ese profesional, porque se encontrará en un círculo vicioso que, sin la menor duda, le llevará a cambiar de psicólogo, de coach o de amigo porque el que tiene lo le arregla la papeleta, sino que pretende que el interesado pase por el trance de decidir y de responsabilizarse.

Una de las causas de esta situación generalizada se adivina en cuanto uno se adentra en los mass media. Todo aquel que, teniendo medios económicos, no acabó los estudios, es una víctima del sistema. El que viniendo de un entorno estructurado acabó en la delincuencia, habiendo podido elegir otra vida, es víctima del sistema. El que permanece anclado en un entorno laboral limitante y nada enriquecedor, teniendo la capacidad y los medios para cambiar, es víctima de la sociedad de consumo. Y el que compró un coche deportivo porque el banco le daba un crédito extraordinario y ahora no puede pagarlo es víctima de las maquinaciones del leviatán bancario mundial.

E irán al asesor de turno a que les arregle la papeleta, olvidando que nadie les va a cambiar de trabajo, ni a sacarles de una relación tóxica si ellos no quieren y no hacen lo necesario de su parte.

  • Oiga, no me dé la brasa.
  • Sálveme o déjeme en paz.

Yo, para variar, acudo al clásico. Todo está inventado. Nihil novo sub sole. Miremos al oráculo de Delfos: noscete ipsum. Conócete primero a tí mismo. El resto viene después.