oceans eleven ejemplo de trabajo en equipo

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¿Qué hace que un equipo funcione de una forma excelente?

¿Por qué una persona funciona muy bien en un equipo determinado y al cambiarlo es un auténtico desastre?

Por ejemplo, el contraste entre “el Messi” del FC Barcelona y su rendimiento en  la selección de Argentina a las “órdenes” del  seleccionador “Tata” Martino.

Para tener éxito lo normal sería pensar: voy a “fichar/contratar los mejores, así tendré el mejor rendimiento… esta ecuación, que parece simple en el ámbito laboral o deportivo, no funciona así ..véase  el Inter de Milán, por citar un club deportivo, lleva lustros fichando a los mejores jugadores de otros equipos con frustrantes resultados para los propios jugadores, hinchada, directivos…

Meredith Belbin. en los años 70, del pasado siglo XX, se hizo la misma pregunta…

¿Qué hace que un equipo funcione de forma excelente, alcance metas, se supere día a día y su motivación sea un puente para la consecución de objetivos comunes?

Belbin desarrolló “Los roles de equipos de Belbin”, una metodología propia, en la que identifica las fortalezas y debilidades de un individuo dentro de un equipo, aplicando este método se consigue:

* Construir relaciones de equipo positivas.

* Seleccionar y desarrollar equipos de alto rendimiento.

* Incrementar el autoconocimiento y la eficacia personal.

* Generar confianza y comprensión mutua.

* Ayudar en procesos de selección.

Más en  http://www.belbin.es/rte.asp?id=2

Seleccionar, crear y hacer crecer equipos de alto rendimiento es algo más que “juntar personas” y aunque contar con un  presupuesto holgado puede ser importante, no es decisivo, es más, nos puede sacar del “foco” de lo realmente importante.

La historia de Andrea Pirlo, carismático y talentoso jugador de “La Juventus de Turin” es paradigmática: En 1988 fichó por el Inter de Milán, club que destaca, temporada tras temporada por fichar a los mejores, y acumular fracaso tras fracaso deportivo. Andrea estuvo tres temporadas en el Inter, la mayor parte del tiempo cedido a equipos de “medio pelo”, en ningún momento ofreció, ni mínimamente, algo de su potencial, aún así el presidente del club, Massimo Moratti declaró: “El mayor arrepentimiento de mi carrera es haber permitido que Pirlo saliera del Inter de Milán” , de allí pasó al otro club de la ciudad, el AC Milán, dónde comenzó a fraguar una carrera llena de éxitos, acompañados y refrendados también, en la selección italiana.

Andrea Pirlo es considerado el mejor centrocampista italiano de su generación.

En este verano marcha a jugar la liga estadounidense junto al español David Villa.

Pirlo jugó en el Inter “fuera de foco”, por ello, ni triunfó ni hizo brillar a sus compañeros.

Un grupo humano, con un objetivo común, es decir, un equipo, se sustenta por ecosistemas volátiles conformados por seres humanos maleables, un cambio pequeño afecta a todo el grupo y al rendimiento colectivo.

Un cambio de enfoque puede convertir a un “fracasado” en “estrella” o hacer caer a un buen profesional al pozo de la mediocridad.

El “coaching de equipos” desarrollado de forma profesional ayuda a cambiar “enfoques” para conseguir el mejor de los rendimientos.

Chris Johnson, que lleva seis años trabajando en el laboratorio de neurociencia, que tiene en San Diego el ejército de los Estados Unidos,  ha apoyado el trabajo del entrenador Steve Kerr, de Golden State Warriors , equipo campeón de la NBA 14-15, frente a los todopoderosos Cavaliers de Cleveland, liderados por LeBron James.

Johnson, dijo, tras la finalización de la temporada :

“Trato de averiguar qué pasa por sus cabezas, qué se están diciendo a sí mismos. Los jugadores de la NBA son híper críticos, pueden empezar a pensar que no son tan buenos como creían ser.

Les digo que no quiero enseñarles a que vean el vaso medio lleno y desde luego no quiero que lo vean medio vacío. Quiero que sean capaces de decir ‘ese vaso tiene 200 centilitros de H2O’ y que sepan qué hacer con esa información.

Trato de que sean capaces de equivocarse, que asuman que pueden ser vulnerables”.

El trabajo que he desarrollado con los Warriors se ha centrado en el manejo de las situaciones de estrés, la cooperación y la concentración, Que sean 1% o un 2% mejores de lo que ya son”

(Declaraciones recogidas en el Diario AS)

Reunir a un grupo de personas que desempeñen funciones relacionadas y tengan un objetivo en común, no crea por sí mismo un equipo de trabajo eficaz. Éste involucra reglas y maneras de operar que potencian sus logros; sin embargo, estas reglas no son automáticas y se requiere una intención clara para alcanzar la sinergia y el nivel de efectividad requeridos.

El punto de partida para crear un equipo de trabajo sobresaliente es que los propios miembros del grupo elijan comprometidamente serlo.

Estas tes  acciones te ayudarán a  a formar un equipo de alto desempeño y lograr un mayor grado de compromiso y como resultado de competitividad:

1. Trabaja desde la responsabilidad y no el “victimismo”.

Crea “contextos” de compromiso responsable, normalmente funcionamos con … “yo hago… si tú haces…” , una especie de 50-50 , muy mediocre.

En un contexto de responsabilidad cada miembro se compromete en un fin común de forma proactiva, creando las condiciones para que se den resultados extraordinarios de forma excelente.

2. Integra las prácticas del alto desempeño como una forma de vida.

Incluye la responsabilidad individual en el desarrollo de los objetivos del grupo, crea espacios en los que se eche el ego a un lado, donde escuchar a los demás siempre tenga una intención positiva, hablar y criticar sólo cuando ayuda a mejorar un proceso o resultado, no tener conversaciones laterales, estar dispuesto a ser asesorado rigurosamente sobre los puntos ciegos o débiles y declarar “tiempos muertos” para regresar al equipo al camino correcto.

3. Establece un proceso de coaching entre los miembros del equipo. 

Como una forma efectiva de poner el foco” en los objetivos de grupo, minimizando las “áreas ciegas individuales” y potenciando las áreas de excelencia comunes.
Toda persona tiene áreas de mejora que no alcanza a visualizar, pero que un proceso de coaching revela y pone de manifiesto el rol positivo de cada miembro en la consecución del objetivo común.

En la película Ocean´s Eleven, nos encontramos con un equipo  muy comprometido con un objetivo a realizar: el mayor atraco de casinos de la historia.

Cada integrante del equipo de Ocean desarrolla un rol muy específico que, de no realizarlo, el plan fallaría.

Real como la vida misma, la cinta nos introduce en los distintos roles ( …Belbin?) que todo equipo debe desarrollar para alcanzar la excelencia del éxito.

Ocean´s Eleven , esconde algo más que muchos grandes actores y a Julia Roberts “juntos”.

“Yo hago lo que tú no puedes y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas”

(Madre Teresa de Calcuta).

 

 

 

La vaca

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Hace muchos muchos años, en un monasterio chino vivía un aspirante a monje con muchos deseos de aprender.

Un día, su maestro le dijo que iban a viajar. El aspirante muy ilusionado se preparó para ello. Estuvieron andando unos cuantos días  y finalmente llegaron a un pueblo dónde vivía una familia muy humilde. Les pidieron alojamiento y comida y la humilde familia les acogió y compartieron con ellos lo que tenían.

El aspirante a monje les preguntó que como subsistían. El cabeza de familia le dijo: “pues..tenemos una vaca”.  El aspirante le miró con interrogación y el hombre le dijo ” La vaca nos da todo lo que necesitamos, nos da leche, nos da queso que luego cambiamos por otra comida, y ya está”.

Por la noche, el monje le dijo al aspirante: ” ahora, cuando estén dormidos, tira la vaca por el barranco” . El aspirante asombrado contestó ” pero …¿cómo voy a hacer eso? La vaca es lo único que tienen y es su sustento! “. El monje no dijo nada, se dio la vuelta y se fue.

El aspirante estuvo mucho tiempo pensando qué debía hacer, y como respetaba mucho a su maestro, fue a buscar a la vaca y la espantó para que se fuera. Luego le entró tanta culpabilidad que se fue y no volvió al monasterio. Pasó días viajando y pensando en la pobre familia que se había quedado sin su sustento principal. Siguió viajando y pensando y decidió trabajar y ahorrar para algún día comprarles una vaca. Se sentía muy culpable.

Al cabo de unos años,  después de trabajar duramente y reunir el dinero para comprar la vaca, el aspirante volvió al pueblo. Se acercó a donde estaba la humilde casa y vio un coqueto hotel, rodeado de un gran huerto, un lago y patos nadando en el. Se acercó al hombre que estaba sentado en la entrada y preguntó ” Perdone, ¿ aquí vivía una familia muy humilde hace unos años que tenían una vaca?” El hombre le miró y dijo, ” Sí sí, somos nosotros”.

El aspirante lo miró y dijo pero..¿Cómo han prosperado tanto ?”.

El señor le dijo ” Pues mire, un día, la vaca de la que vivíamos desapareció.

Al principio nos preocupamos mucho, ¿ de qué íbamos a vivir? y entonces tuvimos que pensar. Vimos que nuestra tierra era muy buena para plantar verduras, y pusimos un huerto que floreció y dio frutos en seguida. Con las verduras hicimos intercambio por otros alimentos, y el resto las vendimos. Con el dinero que ganamos compramos algo de ganado, y los vendíamos, y con ese dinero pudimos ampliar la casa  y alquilar habitaciones…y ya ve!

¡Ahora tenemos el único hotel de la ciudad!!

 

Lo importante de este cuento es saber identificar nuestra vaca … y todo tenemos alguna…¿o no?

 

Nota. no he podido identificar el origen de este cuento.

 

 

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Cuentan de un joven noble muy orgulloso que un día pidió entrar de monje en un monasterio, para ello habló con el Abad, que quiso conocer sus aptitudes,hábitos e inclinación a la vida religiosa. El candidato alzó la frente con presunción al decir: “voy vestido siempre de blanco, no bebo otra cosa que agua, hago penitencia revolcándome en la nieve en invierno y, porque me parece poco, incluso pongo clavos en mis zapatos y ordeno a mi escudero que me azote cada día…” En aquel momento llegó un caballo a beber en un abrevadero y se revolcó luego en la nieve: “ves –le dijo el Abad- esta criatura es también blanca, no bebe más que agua, se revuelca en la nieve, los clavos le atormentan los pies y recibe también látigos. Y no es más que un caballo…”

Este pequeño relato nos puede hacer ver que la palabra humildad es una de las más maltratadas, peor utilizadas y comprendidas en todos los idiomas.

El origen de la palabra humildad es la voz latina humus, que significa tierra, pero no una tierra cualquiera es una tierra fértil llena de nutrientes. Sin esta tierra fértil nada puede crecer, cuando nuestra vida contiene suficiente humus, crecemos de una forma natural.

El crecimiento puede darse  de diversos modos, pero difícilmente puede dar bueno frutos en una tierra estéril, abandonada o llena de rastrojos, por ello también habrá momentos en los que haya que arar, sembrar, podar o añadir nutrientes. Tenemos que dejar que el fruto “salga, se abra paso”, tenga éxito, que viene del latín exitus.

Para tener éxito, el fruto  debe seguir un sedero que está en el humus. Es curioso pero dos palabras que nos pueden parecer antagónicas encuentran su verdadero significado si las observamos desde su etimología:

Humildad y Éxito.Continuará.

 

Con las manos vacías vinimos y con las manos vacías nos vamos.

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Se acaba el año y, como siempre, hacemos todos una cierta recapitulación de los meses pasados. Suelo releer lo que escribí hace lustros, años o meses, por ver si sigo estando en el mismo sitio o si, por el contrario, en algo he cambiado. Fútil intento, porque mantengo algunas de las cosas que decía pero dudo sobre certezas que antaño estaban vigentes. De lo leído últimamente, me quedo con lo que escribí en mayo de 2009, y que contiene dos pensamientos sobre la muerte.

El primero es una historia que se contaba de Alejandro Magno, el Grande, el más poderoso de los hombres de su tiempo. Sintiendo cercana su muerte, Alejandro pidió a sus sirvientes y allegados que, cuando llevaran su cuerpo sin vida por la ciudad, se ocuparan de que sus manos colgasen libremente a ambos lados del lecho preparado a tal fin.

<<Gran Señor>> – le dijeron- <<La tradición y el decoro mandan que los brazos vayan sobre el pecho del difunto, para así transmitir la idea del sueño, la serenidad y la placidez. El pueblo que lo vea quedará con la imagen de su Señor en actitud de merecido y profundo descanso, pudiendo venerar de este modo la figura del Gran Hombre>>.

<<Sea como os he dicho y no como me decís>> – insistió Alejandro el Grande-. <<Quiero que el pueblo vea que yo, Alejandro, el Magno, con todo mi poder y toda mi gloria, con toda la extensión de mis conquistas, la admiración de mi gente y el temor de mis enemigos, no puedo llevarme nada al otro mundo>> – añadió.

<<Que uno se va de la tierra como vino, y ni el peso de una pluma puede arrastrar consigo, y mucho menos el de la riqueza o la alabanza. Éso es lo que debe quedar en la memoria del pueblo>> concluyó el Gran Hombre.

El segundo pensamiento parte de la historia que cuenta Jodorowsky sobre un maestro zen al que un muy místico discípulo le preguntaba de manera afectada:

<<Maestro ¿qué hay despues de la muerte?>>

A tal pregunta contestó el anciano: <<No lo sé. Todavía no me he muerto>>.

Ambos relatos destilan el mismo aroma de realidad, y nos sacan de un tirón de cualquier delirio de grandeza y de los comunes devaneos con la intelectualización del hecho de la muerte y su reflejo trascendente y de inmediatez.

No por ello, sin embargo, se pierde el efecto de parada del mundo que tienen ambas historias, en tanto que nos bajan de la nube y nos colocan en la tierra desde la cual, extrañamente, podemos mirar con más serenidad la odisea de la muerte.

El conquistador quiere, con la casi ridícula exhibición del balanceo de sus manos vacías, decirle al pueblo que la muerte, cuando nos lleva, nos comunica mucho sobre la vida: <<Nada nos llevamos al otro mundo>>. El maestro zen,por su parte, traslada a su alumno que hay un aquí y un ahora, y que la percepción y plena conciencia de ese extremo es lo único que, paradójicamente, le pondrá en contacto con la trascendencia.

Como dijo Paul Eluard, <<Hay otros mundos, pero están en este>>.

Pues eso.

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LA ILUSIÓN DEL CONTROL Y SU PÉRDIDA

La geología tiene mucho que aportar a la ciencia que estudia el comportamiento humano. No he enloquecido (o, por mejor decir, esta frase no es la que lo evidencia): Habéis leído bien.

Susan Kieffer, de la Universidad de Illinois ha trabajado largamente en un campo tan interesante como seguramente desolador, y concluye que, en contra de la creencia popular, seguimos teniendo poquísimo control sobre la naturaleza.

No pone como ejemplo desastres como el tsunami de Sumatra y sus trescientos mil fallecidos, sino eventos mucho menores pero que, a pesar de eso, pusieron en solfa el funcionamiento ordinario de Europa, como la erupción de ese volcán de nombre impronunciable (Eyjafjallajökull) que cerró nuestro espacio aéreo durante muchos días consecutivos.

A pesar de eso, la profesora llama nuestra atención sobre el hecho de que el hombre sigue construyendo y habitando en zonas que son de alto riesgo en cuanto a potenciales desastres naturales. Es verdad que hay poblaciones que no pueden elegir: viven donde les toca. Pero otras muchas sí pueden, a pesar de lo cual se entregan a la estadística y al wishful thinking para intentar dormir tranquilos.

Tendemos a creer, sobre todo apoyándonos en el fantástico desarrollo de la tecnología en todos los ámbitos, que controlamos lo que pasa en nuestra casa, en nuestra ciudad y en el mundo, que todo está en orden y enjaretado… hasta que constatamos que no es así. Los terremotos se sienten en muchos sitios y dañan muchos otros. Nuestra familia, tan en orden en ocasiones, se ve zarandeada por una repentina enfermedad, un accidente de tráfico o un fuerte revés económico.

Lo cierto es que nuestro cerebro nos extiende cheques de certeza que el mundo real no puede pagar. Y llegado el vencimiento de pago, lo menos que hacemos es rebelarnos contra lo que más a mano tengamos, sea el destino, la injusticia, la naturaleza, la meteorología o la suerte. No está todo bajo control. Repetid conmigo: “No todo está bajo control”

Así es la vida.

Llegados a este punto, lo esencial es qué hacemos, cómo afrontamos el día siguiente.

No vamos a acogernos aquí al recurso facilón de proponer que se ponga al mal tiempo buena cara, o a decir que hay que ver el lado positivo de las cosas (a veces las cosas no tienen un lado positivo).

Es muy difícil saber qué hacer, pero intentemos al menos saber qué no hacer.

Y en este punto, me permito recordar el contrato de indiferencia mutua que con su habitual lucidez nos describió Norman Geras, esa idea que refleja la tantas veces letal pasividad que un ser humano muestra ante la suerte de otro.

No podemos controlar lo que pasa, o no todo lo que pasa. No podemos influir todo lo que nos gustaría en el devenir de los acontecimientos que nos afectan. Pero sí podemos intentar que ese perverso contrato de indiferencia mutua no llegue ni a firmarse ni a hacerse efectivo.

Quitémosle la razón a Norman Geras. Seguro que él se sentirá tan feliz como nosotros.

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Hace unos días llegamos mi “socia-amiga” y yo a la estación de Málaga, nos esperaban unos profesores para presentarles el proyecto de GCT “Walk Together Program”,teníamos tiempo de pasar por una franquicia famosa por sus “donuts” y tomarnos un té, y así lo hicimos … la chica que nos atendió nos ofreció una gran variedad.

Mi socia uno verde, con jazmín y no sé cuántas cosas más, todas de sugerentes nombres y exóticos matices, yo voy a lo seguro, un negro Djarleing.

Ella sin azúcar ni edulcorante, yo, azúcar.

Los prepara y encima de uno de ellos pone el sobre piramidal de azúcar. Ambos pensamos que es mi Djarjerling y nos lo repartimos.

Comenzamos una animada conversación y vamos bebiendo, asumiendo cada uno que tenía la bebida previamente escogida, craso error.

Ella me dice: “tú estás seguro de que tú té es el verde”… por breves instantes habría dado mi vida por afirmar que era así.

Curiosamente me parecía un té excesivamente floral, con matices, etc, pero me lo negaba, era mi té negro lo que tenía entre las manos.

Me había construido un mundo alrededor de mi té. Falso, por cierto.

Así funcionan en nosotros los paradigmas y las creencias.

Yo me había creído a “mi té”, era “mi verdad” y me había montado un paradigma en torno a los matices de la bebida, su color, su aspecto, etc.

Tenemos creencias en todos los ámbitos de nuestra vida y configuran nuestro paradigma vital.

El trabajo, las relaciones, política, amor… está impregnados de nuestras creencias y se convierten en un elemento gestor de nuestra vida.

Muchos de los planteamientos empresariales o personales vienen dados por el somos/soy así, por lo tanto, no puedo/no podemos hacer esto o aquello…

Si nos preguntáramos, entre otras ¿qué pasaría sí …? Tal vez empezaríamos a romper con muchas creencias que nos condicionan.

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¿Qué queréis ser en la vida? Pregunta lanzada a  3 adolescentes. Inmediatamente  se apresuran a contestar. “Yo siempre lo he tenido claro. Yo quiero ser como mi padre, arquitecto”. El segundo dice, pues yo todavía no estoy seguro, admiro mucho a mi primo Juan que es abogado, trabajo en un despacho de prestigio, y la verdad que me molaría mucho ser como él.

El tercero, Jaime, no sabe muy bien pero intenta buscar una respuesta al nivel de la de sus colegas. “Pues yo seguramente montaré mi propia empresa. Todavía no sé de qué pero seré empresario”. Leer más »

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Cada uno tiene tantas visiones de lo que es un líder como líderes puede recordar, y ha de hacer un trabajo concienzudo para conseguir identificar un rasgo abstracto, una cualidad común más allá de las características específicas de cada uno de ellos.

Vemos liderazgos como vemos personas. Tantos liderazgos como individuos que lideran. Vemos manzanas rojas, coches rojos, flores rojas, y creemos tener claro qué es el “rojo” hasta que tenemos que definirlo y nos topamos con el muro de lo inefable. Leer más »

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Vivimos abrumados por ofertas que pretenden descargarnos de toda relación con las consecuencias de nuestros actos.

Esto es una versión pendular de otras épocas en las que al individuo, a través del expediente de la culpa, se le imputaban las causalidades propias y también las ajenas. Si granizaba y la cosecha se echaba a perder, probablemente el agricultor habría ofendido a los dioses, ya saben.

Tendemos a pensar que TODO tiene una respuesta rápida, que SIEMPRE hay un atajo que lleva inmediatamente a la solución de CUALQUIER problema, por grave que sea y por complejas que sean las circunstancias que lo rodean.

Es éste un síndrome peculiar, que no conoce de sesgo sociológico ni discrimina por nacimiento. Afecta incluso a quienes, por su nivel educativo, habrían de estar razonablemente protegidos frente a sus contagiosos efectos.

Hoy triunfa la terapia breve, la acción directa e indolora contra la grasa localizada; se gana la batalla contra la edad a través de un producto que nos ofrece en televisión quien menos aspecto tiene de necesitarlo. Triunfan las ofertas del aprendizaje subliminal y overnight de cualquier idioma, la cualidad de master en cualquier disciplina, a distancia y en poco tiempo, sin la tediosa y anticuada necesidad de esfuerzo. Hágase programador en Java en tres sencillas lecciones y funde la nueva MICROSOFT, compita con ORACLE, sea el David que reta al Goliath de APPLE.

Estamos ante un auge desaforado de la tecnología, y del culto a la misma, que raya la fe ciega y acaba contagiando su formato a otras áreas que nada tienen que ver con aquélla. Clientes que van a su abogado para que les diga cómo pueden hacer, de manera legal, cualquier cosa. No admiten un “no se puede hacer eso” por respuesta. No me diga que no puedo: dígame “cómo puedo” hacerlo.

Y el que no acepta un NO generalmente viene lastrado por la seria dificultad de aceptar una vieja palabra, misteriosa, casi esotérica y en desuso:RESPONSABILIDAD.

Hace días un amigo traumatólogo me comentaba extrañado que en los últimos meses venían a su consulta pacientes lesionados que relataban, sin pudor alguno, que habían estado practicando los deportes que el galeno expresamente les había contraindicado poco tiempo antes. Al sufrir el (previsible) problema, simplemente se presentaban en el médico y le pedían una cura inmediata, a través de fármacos o de fisioterapia,pero rapidita.

Y ninguno le admitía que pudiera ser que un fisioterapeuta, por bueno que fuera, no pudiese curar los efectos continuados de un uso irresponsable del cuerpo. Es más, alguno le afeaba que se le llamara la atención sobre el particular.

Muchos pacientes quieren una solución inmediata, cuando no una salvación. El paciente quiere que le salven de los pecados que ha cometido, con lo que el médico pasa a convertirse en salvador, sin que el primero ponga de su parte.

Esta situación se reproduce en infinidad de ámbitos y en todos los casos aparece, de manera más o menos velada, la total ausencia de responsabilidad del deportista temerario lesionado o del paciente que trabaja denodadamente por conseguir una úlcera cuanto antes.

Las consultas de las afecciones o incomodidades que no son puramente físicas no escapan al fenómeno, y tanto las escucha el psicólogo como el coach. Muchos clientes quieren modificar su comportamiento y posibilitar la consecución de metas que se les vienen resistiendo. Pero algunos no quieren pasar por el necesario proceso ni, desde luego, esforzarse en la parte que les toca.

Buscan la píldora mágica, el truco que les lleve de la situación actual (la no deseada) a una mejor en la que se encuentren más cómodos o en la que puedan ver cómo sus objetivos se van alcanzando (la deseada).

Y ahí vemos dos perfiles curiosos distintos. Por un lado, el de quien busca respuestas a sus preguntas, o mejor dicho, el que espera que el de enfrente responda a sus preguntas (que no es lo mismo) y por otro, el que directamente espera que le digan lo que tiene que hacer.

El primer caso nos lleva a quien espera que la comprensión intelectual de un proceso le permitirá controlarlo. Cree que saber cómo funciona el proceso del reflejo de la rodilla le permitirá no moverla cuando el médico le golpee suavemente bajo la rótula.

El segundo nos muestra a quien renuncia a tomar decisiones por sí mismo, a hacerse responsable de sus actos y, por tanto, a asumir las consecuencias de los mismos. Acude este tipo particular al psicólogo y le pregunta directamente si debe dejar su trabajo o quedarse, si debe poner fin a la relación de pareja o continuar en ella, y así hasta el infinito.

Y en este punto, malo será el profesional que ponga al cliente sobre la mesa órdenes en vez de preguntas inteligentes; soluciones en lugar de interrogantes. Y desdichado el que se encuentre con ese profesional, porque se encontrará en un círculo vicioso que, sin la menor duda, le llevará a cambiar de psicólogo, de coach o de amigo porque el que tiene lo le arregla la papeleta, sino que pretende que el interesado pase por el trance de decidir y de responsabilizarse.

Una de las causas de esta situación generalizada se adivina en cuanto uno se adentra en los mass media. Todo aquel que, teniendo medios económicos, no acabó los estudios, es una víctima del sistema. El que viniendo de un entorno estructurado acabó en la delincuencia, habiendo podido elegir otra vida, es víctima del sistema. El que permanece anclado en un entorno laboral limitante y nada enriquecedor, teniendo la capacidad y los medios para cambiar, es víctima de la sociedad de consumo. Y el que compró un coche deportivo porque el banco le daba un crédito extraordinario y ahora no puede pagarlo es víctima de las maquinaciones del leviatán bancario mundial.

E irán al asesor de turno a que les arregle la papeleta, olvidando que nadie les va a cambiar de trabajo, ni a sacarles de una relación tóxica si ellos no quieren y no hacen lo necesario de su parte.

  • Oiga, no me dé la brasa.
  • Sálveme o déjeme en paz.

Yo, para variar, acudo al clásico. Todo está inventado. Nihil novo sub sole. Miremos al oráculo de Delfos: noscete ipsum. Conócete primero a tí mismo. El resto viene después.

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He observado cuando estamos con niños y nos comunicamos con ellos. Lo primero que hacemos es cargarnos de paciencia. Palabras entrecortadas, sin terminar…hacen que necesitemos tiempo para descifrar lo que nos intentan decir. Y sorprendentemente, y aunque podamos caer en la desesperación aguantamos siempre un poquito más para finalmente hacernos cargo de lo que nos quieren transmitir. Sabemos que les cuesta, pero nos despiertan tanta ternura que hacen que nos merezca la pena. La parte emocional se desliza y entremezcla con la racional y suaviza la necesidad de inmediatez o prisas.

De repente crecemos, y ¿qué nos pasa?. Apenas nos hablan y sin terminar ya estamos sacando conclusiones, suposiciones, interpretando y poco más que nos lanzamos a una defensa digna de una de las mejoras batallas feudales. Especialmente en un ambiente laboral donde la competitividad es absoluta en los tiempos que corren.

Como en otras ocasiones siempre invito a la experimentación. Escuchemos durante un día a nuestro compañero o colega de trabajo con la ternura y atención con las que escucharíamos a un niño. Y observemos si nuestra respuesta después de esa escucha cambia a la habitual y al revés. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo nos hemos sentido? Y ¿y cómo se ha sentido la otra persona?.

Si queremos provocar un cambio en este sentido y que ese nivel de escucha forme parte de la cultura empresarial, es necesario una verdadera concienciación en todos los niveles y estratos de la compañía. Sobre todo y  muy especialmente que la dirección de la empresa junto con recursos humanos empujen y creen la logística necesaria para ella. Desde el director ejecutivo hasta el bedel de la puerta tienen que estar inmersos en ese cambio cultural.

Sin una escucha óptima se pierden acuerdos, se pierden ideas, se pierde presente y se pierde futuro. ¿Cuánto dinero suponen todas estas pérdidas para la empresa? Calcúlenlo, da miedo…