| Competencias, Comunicación, Liderazgo.

Vivimos abrumados por ofertas que pretenden descargarnos de toda relación con las consecuencias de nuestros actos.

Esto es una versión pendular de otras épocas en las que al individuo, a través del expediente de la culpa, se le imputaban las causalidades propias y también las ajenas. Si granizaba y la cosecha se echaba a perder, probablemente el agricultor habría ofendido a los dioses, ya saben.

Tendemos a pensar que TODO tiene una respuesta rápida, que SIEMPRE hay un atajo que lleva inmediatamente a la solución de CUALQUIER problema, por grave que sea y por complejas que sean las circunstancias que lo rodean.

Es éste un síndrome peculiar, que no conoce de sesgo sociológico ni discrimina por nacimiento. Afecta incluso a quienes, por su nivel educativo, habrían de estar razonablemente protegidos frente a sus contagiosos efectos.

Hoy triunfa la terapia breve, la acción directa e indolora contra la grasa localizada; se gana la batalla contra la edad a través de un producto que nos ofrece en televisión quien menos aspecto tiene de necesitarlo. Triunfan las ofertas del aprendizaje subliminal y overnight de cualquier idioma, la cualidad de master en cualquier disciplina, a distancia y en poco tiempo, sin la tediosa y anticuada necesidad de esfuerzo. Hágase programador en Java en tres sencillas lecciones y funde la nueva MICROSOFT, compita con ORACLE, sea el David que reta al Goliath de APPLE.

Estamos ante un auge desaforado de la tecnología, y del culto a la misma, que raya la fe ciega y acaba contagiando su formato a otras áreas que nada tienen que ver con aquélla. Clientes que van a su abogado para que les diga cómo pueden hacer, de manera legal, cualquier cosa. No admiten un “no se puede hacer eso” por respuesta. No me diga que no puedo: dígame “cómo puedo” hacerlo.

Y el que no acepta un NO generalmente viene lastrado por la seria dificultad de aceptar una vieja palabra, misteriosa, casi esotérica y en desuso:RESPONSABILIDAD.

Hace días un amigo traumatólogo me comentaba extrañado que en los últimos meses venían a su consulta pacientes lesionados que relataban, sin pudor alguno, que habían estado practicando los deportes que el galeno expresamente les había contraindicado poco tiempo antes. Al sufrir el (previsible) problema, simplemente se presentaban en el médico y le pedían una cura inmediata, a través de fármacos o de fisioterapia,pero rapidita.

Y ninguno le admitía que pudiera ser que un fisioterapeuta, por bueno que fuera, no pudiese curar los efectos continuados de un uso irresponsable del cuerpo. Es más, alguno le afeaba que se le llamara la atención sobre el particular.

Muchos pacientes quieren una solución inmediata, cuando no una salvación. El paciente quiere que le salven de los pecados que ha cometido, con lo que el médico pasa a convertirse en salvador, sin que el primero ponga de su parte.

Esta situación se reproduce en infinidad de ámbitos y en todos los casos aparece, de manera más o menos velada, la total ausencia de responsabilidad del deportista temerario lesionado o del paciente que trabaja denodadamente por conseguir una úlcera cuanto antes.

Las consultas de las afecciones o incomodidades que no son puramente físicas no escapan al fenómeno, y tanto las escucha el psicólogo como el coach. Muchos clientes quieren modificar su comportamiento y posibilitar la consecución de metas que se les vienen resistiendo. Pero algunos no quieren pasar por el necesario proceso ni, desde luego, esforzarse en la parte que les toca.

Buscan la píldora mágica, el truco que les lleve de la situación actual (la no deseada) a una mejor en la que se encuentren más cómodos o en la que puedan ver cómo sus objetivos se van alcanzando (la deseada).

Y ahí vemos dos perfiles curiosos distintos. Por un lado, el de quien busca respuestas a sus preguntas, o mejor dicho, el que espera que el de enfrente responda a sus preguntas (que no es lo mismo) y por otro, el que directamente espera que le digan lo que tiene que hacer.

El primer caso nos lleva a quien espera que la comprensión intelectual de un proceso le permitirá controlarlo. Cree que saber cómo funciona el proceso del reflejo de la rodilla le permitirá no moverla cuando el médico le golpee suavemente bajo la rótula.

El segundo nos muestra a quien renuncia a tomar decisiones por sí mismo, a hacerse responsable de sus actos y, por tanto, a asumir las consecuencias de los mismos. Acude este tipo particular al psicólogo y le pregunta directamente si debe dejar su trabajo o quedarse, si debe poner fin a la relación de pareja o continuar en ella, y así hasta el infinito.

Y en este punto, malo será el profesional que ponga al cliente sobre la mesa órdenes en vez de preguntas inteligentes; soluciones en lugar de interrogantes. Y desdichado el que se encuentre con ese profesional, porque se encontrará en un círculo vicioso que, sin la menor duda, le llevará a cambiar de psicólogo, de coach o de amigo porque el que tiene lo le arregla la papeleta, sino que pretende que el interesado pase por el trance de decidir y de responsabilizarse.

Una de las causas de esta situación generalizada se adivina en cuanto uno se adentra en los mass media. Todo aquel que, teniendo medios económicos, no acabó los estudios, es una víctima del sistema. El que viniendo de un entorno estructurado acabó en la delincuencia, habiendo podido elegir otra vida, es víctima del sistema. El que permanece anclado en un entorno laboral limitante y nada enriquecedor, teniendo la capacidad y los medios para cambiar, es víctima de la sociedad de consumo. Y el que compró un coche deportivo porque el banco le daba un crédito extraordinario y ahora no puede pagarlo es víctima de las maquinaciones del leviatán bancario mundial.

E irán al asesor de turno a que les arregle la papeleta, olvidando que nadie les va a cambiar de trabajo, ni a sacarles de una relación tóxica si ellos no quieren y no hacen lo necesario de su parte.

  • Oiga, no me dé la brasa.
  • Sálveme o déjeme en paz.

Yo, para variar, acudo al clásico. Todo está inventado. Nihil novo sub sole. Miremos al oráculo de Delfos: noscete ipsum. Conócete primero a tí mismo. El resto viene después.

Acerca de Ángel Vallejo Ángel Vallejo
Soy abogado y, he pasado por varios de los bufetes internacionales de mayor prestigio. Actualmente lidero en Madrid mi propia firma. Lector compulsivo y curioso incansable, me intereso por cualquier área de la realidad que sea susceptible de un análisis crítico. Mis continuos viajes por todo el mundo han afianzado mi debilidad por William James, con quien comparto que cada hombre debe crear su propio sistema de pensamiento o ser esclavizado por el de otro. Padre de tres hijos, devoto de la música y apasionado por el arte.

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