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DIBUJOS DE PABLO PICASSO

Un hombre viajaba en el tren hace muchos años, en un vagón de primera clase. Le pareció que quien estaba sentado cerca de él era Pablo Picasso.

Cuando logró vencer su timidez y la resistencia que le impedía hablar con tan celebrado personaje, el hombre saluda a Picasso y le dice que le admira mucho; que cree que es un dibujante genial.

Le dice también que por qué, siendo como es un maestro, se empeña en pintar unas imágenes distorsionadas, retorcidas, sin parecido con la realidad. Le parece, en suma, un desperdicio de talento.
Picasso se queda mirando al hombre y le pregunta qué cree él que es la realidad. El hombre piensa un poco y saca de su cartera una fotografía, que enseña al pintor. “Mire. A esto me refiero. Esto es la realidad: es mi mujer“- dice seguro de sí mismo.
El pintor mira la fotografía y dice al hombre que, si eso es la realidad, su mujer es muy pequeña. Y es plana, además.
Como el hombre vamos casi siempre por la vida. Dando por hecho que nuestra percepción de las cosas es la realidad misma, aferrándonos a eso y, además, queriendo mostrar al resto de personas que nuestra idea es la correcta.
Para despertar de esa ilusión limitadora, entre otras muchas cosas, está el arte.
Y la locura, pero de esto último hablaremos otro día.

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Si estas pensando en realizar una pequeña reforma,  rehabilitación o una obra de gran envergadura, tan importante como encontrar a un buen profesional es seguir algunos consejos para no tener sorpresas y que la reforma sea un éxito:

  1. Menos es más. Coloca sólo las piezas imprescindibles y que te traigan buenos recuerdos.
  2. Más vale prevenir que curar. Revisa todas las instalaciones de agua, luz, gas, telecomunicaciones, etc. y actualízalas a las necesidades del momento. Es lo que antes queda obsoleto y lo que más cuesta poner al día.
  3. Empezar por el principio. Empecemos escogiendo la base que es lo que nos condicionará todo. Por ejemplo el pavimento elegido influirá notablemente en el resto de materiales y colores a elegir.
  4. Piensa en el todo pero actúa por partes. Ve centrándote en zonas puntuales o elementos que tengan un criterio común y ponte objetivos más concretos pero sin olvidar que forman parte de un conjunto armónico.
  5. Base sólida. No escatimes recursos en lo que te dará siempre prestigio y se revalorizará con el paso del tiempo. Invierte en el futuro pero sin dejar de lado que hay elementos que tienes que mantener para que perduren, con el coste añadido que conllevan. Por ejemplo puertas y ventanas de maderas nobles y herrajes de latón, cerrajerías artísticas.
  6. Desviar la atención. Utilizar una estrategia para evitar algo molesto o poco atractivo como una viga descolgada la cual se puede integrar en una librería, por ejemplo o poner una pieza muy vistosa al lado del elemento en discordia y  que atraiga todas las miradas.
  7. Mejor solo que mal acompañado. No crear competencia con algo que debe ser protagonista por su valor artístico y/o belleza. Colocar un cuadro de un pintor cotizado en una pared central y de una estancia común para que se pueda lucir.
  8. Los polos opuestos se atraen. Buscar un equilibrio mezclando materiales y estilos. Por ejemplo suelos de madera en estancias con mucha luz natural y con muebles claros y decapados.
  9. Alíate con el enemigo. Actúa con inteligencia e integra lo que no te agrada para que en el conjunto quede bien. Por ejemplo si el color del pavimento no lo puedo cambiar, utilizo el color de las paredes y las telas para que el efecto final resulte adecuado a lo que busco

10. Las apariencias engañan. Utilizar trucos de “magia e ilusionismo”. Por ejemplo fundas para las sillas, espejos que agrandan las estancias, plantas de interior, alfombras, etc.

 

Si tenemos en cuenta estos consejos seguro que conseguimos que el resultado final se encuentre a la altura de nuestras expectativas, y disfrutaremos plenamente satisfechos de nuestro trabajo porque, ciertamente, la casa perfecta no existe, así que somos nosotros mismos los que tenemos que conseguir el equilibrio.

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Cuentan de un joven noble muy orgulloso que un día pidió entrar de monje en un monasterio, para ello habló con el Abad, que quiso conocer sus aptitudes,hábitos e inclinación a la vida religiosa. El candidato alzó la frente con presunción al decir: “voy vestido siempre de blanco, no bebo otra cosa que agua, hago penitencia revolcándome en la nieve en invierno y, porque me parece poco, incluso pongo clavos en mis zapatos y ordeno a mi escudero que me azote cada día…” En aquel momento llegó un caballo a beber en un abrevadero y se revolcó luego en la nieve: “ves –le dijo el Abad- esta criatura es también blanca, no bebe más que agua, se revuelca en la nieve, los clavos le atormentan los pies y recibe también látigos. Y no es más que un caballo…”

Este pequeño relato nos puede hacer ver que la palabra humildad es una de las más maltratadas, peor utilizadas y comprendidas en todos los idiomas.

El origen de la palabra humildad es la voz latina humus, que significa tierra, pero no una tierra cualquiera es una tierra fértil llena de nutrientes. Sin esta tierra fértil nada puede crecer, cuando nuestra vida contiene suficiente humus, crecemos de una forma natural.

El crecimiento puede darse  de diversos modos, pero difícilmente puede dar bueno frutos en una tierra estéril, abandonada o llena de rastrojos, por ello también habrá momentos en los que haya que arar, sembrar, podar o añadir nutrientes. Tenemos que dejar que el fruto “salga, se abra paso”, tenga éxito, que viene del latín exitus.

Para tener éxito, el fruto  debe seguir un sedero que está en el humus. Es curioso pero dos palabras que nos pueden parecer antagónicas encuentran su verdadero significado si las observamos desde su etimología:

Humildad y Éxito.Continuará.

 

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Con las manos vacías vinimos y con las manos vacías nos vamos.

Se acaba el año y, como siempre, hacemos todos una cierta recapitulación de los meses pasados. Suelo releer lo que escribí hace lustros, años o meses, por ver si sigo estando en el mismo sitio o si, por el contrario, en algo he cambiado. Fútil intento, porque mantengo algunas de las cosas que decía pero dudo sobre certezas que antaño estaban vigentes. De lo leído últimamente, me quedo con lo que escribí en mayo de 2009, y que contiene dos pensamientos sobre la muerte.

El primero es una historia que se contaba de Alejandro Magno, el Grande, el más poderoso de los hombres de su tiempo. Sintiendo cercana su muerte, Alejandro pidió a sus sirvientes y allegados que, cuando llevaran su cuerpo sin vida por la ciudad, se ocuparan de que sus manos colgasen libremente a ambos lados del lecho preparado a tal fin.

<<Gran Señor>> – le dijeron- <<La tradición y el decoro mandan que los brazos vayan sobre el pecho del difunto, para así transmitir la idea del sueño, la serenidad y la placidez. El pueblo que lo vea quedará con la imagen de su Señor en actitud de merecido y profundo descanso, pudiendo venerar de este modo la figura del Gran Hombre>>.

<<Sea como os he dicho y no como me decís>> – insistió Alejandro el Grande-. <<Quiero que el pueblo vea que yo, Alejandro, el Magno, con todo mi poder y toda mi gloria, con toda la extensión de mis conquistas, la admiración de mi gente y el temor de mis enemigos, no puedo llevarme nada al otro mundo>> – añadió.

<<Que uno se va de la tierra como vino, y ni el peso de una pluma puede arrastrar consigo, y mucho menos el de la riqueza o la alabanza. Éso es lo que debe quedar en la memoria del pueblo>> concluyó el Gran Hombre.

El segundo pensamiento parte de la historia que cuenta Jodorowsky sobre un maestro zen al que un muy místico discípulo le preguntaba de manera afectada:

<<Maestro ¿qué hay despues de la muerte?>>

A tal pregunta contestó el anciano: <<No lo sé. Todavía no me he muerto>>.

Ambos relatos destilan el mismo aroma de realidad, y nos sacan de un tirón de cualquier delirio de grandeza y de los comunes devaneos con la intelectualización del hecho de la muerte y su reflejo trascendente y de inmediatez.

No por ello, sin embargo, se pierde el efecto de parada del mundo que tienen ambas historias, en tanto que nos bajan de la nube y nos colocan en la tierra desde la cual, extrañamente, podemos mirar con más serenidad la odisea de la muerte.

El conquistador quiere, con la casi ridícula exhibición del balanceo de sus manos vacías, decirle al pueblo que la muerte, cuando nos lleva, nos comunica mucho sobre la vida: <<Nada nos llevamos al otro mundo>>. El maestro zen,por su parte, traslada a su alumno que hay un aquí y un ahora, y que la percepción y plena conciencia de ese extremo es lo único que, paradójicamente, le pondrá en contacto con la trascendencia.

Como dijo Paul Eluard, <<Hay otros mundos, pero están en este>>.

Pues eso.

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Fotos del escaparate de estas Navidades de la tienda de Rachel Aswhell en el barrio londinense de Nothing Hill al más puro estilo Shabby Chic

El origen de este estilo se remonta a las casas de campo inglesas que se caracterizaban por el uso de muebles que se repintaban cada cierto tiempo para alargar su uso, principalmente en blanco y adquirían una pátina desgastada por el uso y el tiempo.

Shabby es lamentable, raído y chic a la moda, lo que le hace compensar la negatividad del término.

Así mismo los muebles delatan el paso del tiempo y su uso pero a la vez tienen un deje de buen gusto que habla de un esplendor pasado.

Los tonos esenciales del Shabby Chic son el blanco, el hueso y los colores pasteles.

Tambien son características las antigüedades tanto en muebles como en complementos, pueden ser originales o reproducciones. Para dar ese aspecto desgastado se utiliza el distesado de muebles, técnica que le da ese aspecto rústico y antiguo.

La porcelana o cerámica, encajes, plantas, flores y elementos campestres, también se dan.

Las claves del estilo Shabby Chic son:

  1. Muebles de madera realizados de forma artesanal, que parezcan usados, desgastados, heredados y no comprados.
  2. Gama de colores pasteles, empolvados, en blancos, grises, rosas, verdes y los muebles con pátinas decapadas.
  3. Tapizados en terciopelos lisos para sillones, sofás y butacas.
  4. Telas en algodones y texturas naturales con estampados de flores en cortinas, manteles y complementos
  5. Porcelanas de aspecto antiguo y también con motivos florales.
  6. Como complementos muchas flores en todo, en cortinas, telas, cojines, estores, papel pintado, centros florales, cestos de mimbre.

Es un estilo romántico y delicado que para recrearlo y darle un toque vintage se utilizan los tonos claros y decapados que se realizan con papel de lija para quitar la pintura y dar el aspecto desgastado.

Los accesorios deben seguir esta línea romántica, con almohadones con encaje en la ropa de cama por ejemplo pero con cuidado de no recargar y caer en el exceso.

En cuanto a la iluminación se utilizan velas de colores pasteles y lámparas adornadas con cristal y pantallas delicadas con puntillas.

Para mí, la clave para depurar este estilo está en los muebles y no abusar de los estampados florales. Siempre texturas naturales y jugar con los complementos.

Y por último para conseguir una Navidad Shabby Chic, basta con añadir elementos de temporada como flores de Pascua en tonos, pálidos, beige, piñones, piñas, acebo, guirnaldas, luces, velas, hojas del otoño, etc.

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Fracasamos poco, muy poco diría yo.

Si pienso en cómo debí aprender a andar , o a comer o, de esto me acuerdo más, montar en bici, tengo la impresión de que he fracasado poco.

Recuerdo cómo aprendí a pedalear sobre dos ruedas.

Estaba en el campo y me dejaba caer por una cuesta, la mecánica, la física y el sentido común hicieron el resto.

Y los resultados no fueron malos,

Aunque las rodillas quedaron algo magulladas mi ego y motivación estaba por las nubes.

Años después, pedaleo, no exento de soltura, con mi bici de paseo.

Aprendí cayendo una y otra vez por esa cuesta, amoldando mi cuerpo y mente para, finalmente, tener éxito.

De los fracasos se aprende si queremos que sea así.

Si no nos rendimos , si reorientamos nuestros objetivos y vamos dando los pasos oportunos  para conseguir aquello que queremos.

Y, también,  si tenemos una visión de lo que queremos, normalmente este aspecto lo dejamos atrás, pero todo comienza por una visión: “quiero montar en bici, así, como ese, voy a ir al río o subir la montaña…”.

Estamos acostumbrados a ver sólo una de las caras del fracaso, la que nos sale mal,  normalmente, de consecuencias funestas y sin retorno,  y no estamos educados a aprender la fórmula correcta para hacerlo bien en la próxima vez, en el siguiente intento.

De esta forma el fracaso no es algo definitivo sino un paso natural hacia el éxito.

Las empresas y organizaciones de cualquier tipo y condición tienden a ocultar el fracaso.

Obvian el camino natural hacia el éxito y de alguna forma privan a sus miembros de ofrecerles un “espacio de seguridad” donde con naturalidad y profesionalidad aprenden, no sólo del ahora sino también de la historia en la que se encuentran.

En IBM, cuentan,y es importante contar las “historias”  si es exacto o no, es lo de menos, cuentan esto…

Un prometedor ejecutivo en formación de IBM se metió en una operación arriesgada para la empresa y llegó a perder más de 10 millones de dólares. Cuando Tom Watson, fundador de la compañía,  llamó al nervioso ejecutivo a su oficina, el joven dijo: “Supongo que quiere mi renuncia”. Y Watson respondió: “No lo dirá en serio. ¡Nos hemos gastado 10 millones de dólares en su formación!”.

Tal vez sería bueno tener en cuenta estos “Tips del fracaso”:

1.- Aprenda a fracasar, lo importante es aprender.

2.- Siga su visión, con coraje para modificarla si es necesario, pero sígala.

3.- Cree para sí,y en su entorno,  un espacio dónde el fracaso sea un “trampolín” y no una “pesada losa”.

4.- Cuente lo que le pasa, cree su propia historia. Las historias nos conmueven y motivan.

Fracase al aprender.

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CUBO

LA ILUSIÓN DEL CONTROL Y SU PÉRDIDA

La geología tiene mucho que aportar a la ciencia que estudia el comportamiento humano. No he enloquecido (o, por mejor decir, esta frase no es la que lo evidencia): Habéis leído bien.

Susan Kieffer, de la Universidad de Illinois ha trabajado largamente en un campo tan interesante como seguramente desolador, y concluye que, en contra de la creencia popular, seguimos teniendo poquísimo control sobre la naturaleza.

No pone como ejemplo desastres como el tsunami de Sumatra y sus trescientos mil fallecidos, sino eventos mucho menores pero que, a pesar de eso, pusieron en solfa el funcionamiento ordinario de Europa, como la erupción de ese volcán de nombre impronunciable (Eyjafjallajökull) que cerró nuestro espacio aéreo durante muchos días consecutivos.

A pesar de eso, la profesora llama nuestra atención sobre el hecho de que el hombre sigue construyendo y habitando en zonas que son de alto riesgo en cuanto a potenciales desastres naturales. Es verdad que hay poblaciones que no pueden elegir: viven donde les toca. Pero otras muchas sí pueden, a pesar de lo cual se entregan a la estadística y al wishful thinking para intentar dormir tranquilos.

Tendemos a creer, sobre todo apoyándonos en el fantástico desarrollo de la tecnología en todos los ámbitos, que controlamos lo que pasa en nuestra casa, en nuestra ciudad y en el mundo, que todo está en orden y enjaretado… hasta que constatamos que no es así. Los terremotos se sienten en muchos sitios y dañan muchos otros. Nuestra familia, tan en orden en ocasiones, se ve zarandeada por una repentina enfermedad, un accidente de tráfico o un fuerte revés económico.

Lo cierto es que nuestro cerebro nos extiende cheques de certeza que el mundo real no puede pagar. Y llegado el vencimiento de pago, lo menos que hacemos es rebelarnos contra lo que más a mano tengamos, sea el destino, la injusticia, la naturaleza, la meteorología o la suerte. No está todo bajo control. Repetid conmigo: “No todo está bajo control”

Así es la vida.

Llegados a este punto, lo esencial es qué hacemos, cómo afrontamos el día siguiente.

No vamos a acogernos aquí al recurso facilón de proponer que se ponga al mal tiempo buena cara, o a decir que hay que ver el lado positivo de las cosas (a veces las cosas no tienen un lado positivo).

Es muy difícil saber qué hacer, pero intentemos al menos saber qué no hacer.

Y en este punto, me permito recordar el contrato de indiferencia mutua que con su habitual lucidez nos describió Norman Geras, esa idea que refleja la tantas veces letal pasividad que un ser humano muestra ante la suerte de otro.

No podemos controlar lo que pasa, o no todo lo que pasa. No podemos influir todo lo que nos gustaría en el devenir de los acontecimientos que nos afectan. Pero sí podemos intentar que ese perverso contrato de indiferencia mutua no llegue ni a firmarse ni a hacerse efectivo.

Quitémosle la razón a Norman Geras. Seguro que él se sentirá tan feliz como nosotros.

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La neuroarquitectura es una disciplina emergente en Estados Unidos que trata de explicar cómo cada aspecto de un entorno arquitectónico, podría influir sobre determinados procesos cerebrales, como los que tienen que ver con el estrés, la emoción y la memoria.

También ayuda a comprender cómo el hábitat en el que vivimos afecta a nuestra salud física y mental.

Hoy vamos a ver cómo el espacio que nos rodea puede influir en nuestra vida y en nuestro estado de ánimo, por tanto vamos a ser capaces de transformarlo según nuestras necesidades y nuestros gustos.

¿Qué relación existe entre la decoración y el estado de ánimo?

Fácil de responder si pensamos por un momento como nos sentiríamos en una habitación oscura, desordenada, descuidada.., en cambio piensa en una habitación agradable, limpia, con colores bonitos y muebles adecuados.

Precisamente esta sensación es la que te va a influir en tu estado de ánimo. Si alrededor hay paz y tranquilidad también la  habrá  en tu interior, por eso en la decoración hay que crear espacios donde el ánimo de cada uno encuentre su equilibrio, porque éste es una emoción que no remite, que no se puede relacionar con un acontecimiento determinado. Da igual el día, la hora o  lo que hagamos,  siempre estamos con un estado de ánimo que por lo general no elegimos ni controlamos. Por eso decimos: Es un resentido, es un triste, es un pasota….

Hagamos una reflexión. ¿Existe relación entre cerebro y espacio?

De entrada, fabricamos más oxitocina y serotonina, relacionados con la relajación y el disfrute, si nuestros entornos son agradables.

¿Y la relación entre espacios amplios y pensamiento creativo?; o ¿ el poder de la naturaleza para estimular la concentración y la curación después de una enfermedad?.

¿Cuántos de nosotros nos atrevemos a reflejar nuestros sueños, nuestras necesidades vitales, en los espacios que habitamos?

Desde luego debemos de ser pragmáticos pero, sin dejar de lado que los espacios que nos rodean, públicos o privados, nos afectan en el humor y en  la forma de pensar. Debemos de estimular lo mejor que llevamos dentro.

¿Cuántas veces me han dicho…. Sí, lo haría, pero prefiero no arriesgar?

Por último, me voy a permitir algunos consejos muy básicos con los que cualquiera se atrevería:

  • Utilizar flores y plantas: Si es posible flor cortada que nos relaja de forma visual y por el aroma.
  • Utilizar velas blancas: Son más económicas y aportan un aire de calma.
  • Aprovechar la luz natural: La luz solar ahorra energía y aporta salud.
  • Colores de la pintura adecuados: Fríos para el descanso y cálidos para zonas de trabajo y estar.
  • Rodéate de libros: Hazte con una buena biblioteca de modo que tu cerebro cambie el chip a modo relajación.
  • Añade mantas y cojines: Aunque no se usen aportan un toque cálido y acogedor.

Pero lo más importante, alegra tu casa, con guiños de humor, donde tienes que vivir feliz, un poco imperfecta, vivida, que funcione y no un escaparate.

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Hace unos días llegamos mi “socia-amiga” y yo a la estación de Málaga, nos esperaban unos profesores para presentarles el proyecto de GCT “Walk Together Program”,teníamos tiempo de pasar por una franquicia famosa por sus “donuts” y tomarnos un té, y así lo hicimos … la chica que nos atendió nos ofreció una gran variedad.

Mi socia uno verde, con jazmín y no sé cuántas cosas más, todas de sugerentes nombres y exóticos matices, yo voy a lo seguro, un negro Djarleing.

Ella sin azúcar ni edulcorante, yo, azúcar.

Los prepara y encima de uno de ellos pone el sobre piramidal de azúcar. Ambos pensamos que es mi Djarjerling y nos lo repartimos.

Comenzamos una animada conversación y vamos bebiendo, asumiendo cada uno que tenía la bebida previamente escogida, craso error.

Ella me dice: “tú estás seguro de que tú té es el verde”… por breves instantes habría dado mi vida por afirmar que era así.

Curiosamente me parecía un té excesivamente floral, con matices, etc, pero me lo negaba, era mi té negro lo que tenía entre las manos.

Me había construido un mundo alrededor de mi té. Falso, por cierto.

Así funcionan en nosotros los paradigmas y las creencias.

Yo me había creído a “mi té”, era “mi verdad” y me había montado un paradigma en torno a los matices de la bebida, su color, su aspecto, etc.

Tenemos creencias en todos los ámbitos de nuestra vida y configuran nuestro paradigma vital.

El trabajo, las relaciones, política, amor… está impregnados de nuestras creencias y se convierten en un elemento gestor de nuestra vida.

Muchos de los planteamientos empresariales o personales vienen dados por el somos/soy así, por lo tanto, no puedo/no podemos hacer esto o aquello…

Si nos preguntáramos, entre otras ¿qué pasaría sí …? Tal vez empezaríamos a romper con muchas creencias que nos condicionan.

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Nuestro hogar va más allá de las cuatro paredes que habitamos. Nuestras necesidades a lo largo del tiempo van cambiando y podemos mudarnos de casa o reestructurar la que tenemos. Lo más habitual es que vayamos adaptándola a estos cambios. Los desafíos que se nos presentan son apasionantes pero a la vez complicados. Leer más »